[2.25] Anuncia la buena nueva a quienes creen y obran bien: tendrán jardines por cuyos bajos fluyen arroyos. Siempre que se les dé como sustento algún fruto de ellos, dirán: «Esto es igual que lo que se nos ha dado antes». Pero se les dará algo sólo parecido. Tendrán esposas purificadas y estarán allà eternamente.
[2.26] Alá no se avergĂĽenza de proponer la parábola que sea, aunque se trate de un mosquito. Los que creen saben que es la Verdad, que viene de su Señor. En cuanto a los que no creen, dicen: «¿QuĂ© es lo que se propone Alá con esta parábola?» AsĂ extravĂa Él a muchos y asĂ tambiĂ©n dirige a muchos. Pero no extravĂa asĂ sino a los perversos.
[2.61] Y cuando dijisteis: «¡MoisĂ©s! No podremos soportar una sola clase de alimento. ¡Pide a tu Señor de parte nuestra que nos saque algo de lo que la tierra produce: verduras, pepinos, ajos, lentejas y cebollas!» Dijo: «¿Vais a cambiar lo que es mejor por algo peor? ¡Bajad a Egipto y hallarĂ©is lo que pedĂs!» La humillaciĂłn y la miseria se abatieron sobre ellos e incurrieron en la ira de Alá. Porque no habĂan prestado fe a los signos de Alá y habĂan dado muerte a los profetas sin justificaciĂłn. Porque habĂan desobedecido y violado la ley.
[2.85] Pero sois vosotros los que os matáis y expulsáis a algunos de los vuestros de sus casas, haciendo causa comĂşn contra ellos con pecado y violaciĂłn de la ley. Y, si acuden a vosotros como cautivos, los rescatáis. El haberlos expulsado era ya ilĂcito. Entonces, Âżes que creĂ©is en parte de la Escritura y dejáis de creer en otra parte? ÂżQuĂ© merecen quienes de vosotros tal hacen sino la ignominia en la vid de acá y ser enviados al castigo más duro el dĂa de la ResurrecciĂłn? Alá está atento a lo que hacĂ©is.
[2.87] Dimos a MoisĂ©s la Escritura y mandamos enviados despuĂ©s de Ă©l. Dimos a JesĂşs, hijo de MarĂa, las pruebas claras y le fortalecimos con el EspĂritu Santo. ÂżEs que tenĂas que mostraros altivos siempre que venĂa a vosotros un enviado con algo que no deseabais? A unos les desmentisteis, a otros les disteis muerte.
[2.91] Y cuando se les dice: «¡Creed en lo que Alá ha revelado!», dicen: «Creemos en lo que se nos ha revelado». Pero no creen en lo que vino despuĂ©s. que es la Verdad, en confirmaciĂłn de lo que ya tenĂan. Di: «¿Por quĂ©, pues, si erais creyentes, matasteis antes a los profetas de Alá?»,
[2.93] Y cuando concertamos un pacto con vosotros y levantamos la montaña por encima de vosotros: «¡Aferraos a lo que os hemos dado y escuchad!» Dijeron: «OĂmos y desobedecemos». Y, como castigo a su incredulidad, quedĂł empapado su corazĂłn del amor al ternero. Di: «Si sois creyentes, malo es lo que vuestra fe os ordena».
[2.102] Han seguido lo que los demonios contaban bajo el dominio de SalomĂłn. SalomĂłn no dejĂł de creer, pero los demonios sĂ, enseñando a los hombres la magia y lo que se habĂa revelado a los os ángeles, Harut y Marut, en Babel. Y Ă©stos no enseñaban a nadie, que no dijeran que sĂłlo eran una tentaciĂłn y que, por tanto, no debĂa dejar de creer. Aprendieron de ellos cĂłmo dividir a un hombre de su esposa. Y con ello no dañaban a nadie sino autorizados por Alá. Aprendieron lo que les dañaba y no les aprovechaba, sabiendo bien que quien adquirĂa eso no iba a tener parte en la otra vida. ¡QuĂ© mal negocio han hecho! Si supieran...
[2.125] Y cuando hicimos de la Casa lugar de reunión y de refugio para los hombres. Y: «¡Haced del lugar de Abraham un oratorio!» Y concertamos una alianza con Abraham e Ismael: que purificaran Mi Casa para los que dieran las vueltas, para los que acudieran a hacer un retiro, a inclinarse y a prosternarse.
[2.143] Hemos hecho asĂ de vosotros un comunidad moderada, para que seáis testigos de los hombres y para que el Enviado sea testigo de vosotros. No pusimos la alquibla hacia la que antes te orientabas sino para distinguir a quien seguĂa al Enviado de quien le daba la espalda. Ciertamente, es cosa grave, pero no para aquĂ©llos a quienes Alá dirige. Alá no va a dejar que se pierda vuestra fe. Alá es manso para con los hombres, misericordioso.
[2.144] Vemos cómo vuelves tu rostro al cielo. Haremos, pues, que te vuelvas hacia una dirección que te satisfaga. Vuelve tu rostro hacia la Mezquita Sagrada. Dondequiera que estéis, volved vuestro rostro hacia ella. Aquéllos que han recibido la Escritura saben bien que es la Verdad que viene de su Señor. Alá está atento a lo que hacen.
[2.150] Vengas de donde vengas. vuelve tu rostro hacia la Mezquita Sagrada. EstĂ©is donde estĂ©is, volved vuestros rostros hacia ella, de modo que nadie, excepto los que hayan obrado impĂamente, puedan alegar nada contra vosotros. Y no les tengáis miedo a ellos, sino a MĂ. AsĂ completarĂ© Mi gracia en vosotros. Y quizás. asĂ, seáis bien dirigidos.
[2.164] En la creaciĂłn de los cielos y de la tierra, en la sucesiĂłn de la noche y el dĂa, en las naves que surcan el mar con lo que aprovecha a los hombres, en el agua que Alá hace bajar del cielo, vivificando con ella la tierra despuĂ©s de muerta, diseminando por ella toda clase de bestias, en la variaciĂłn de los vientos, en las nubes, sujetas entre el cielo y la tierra, hay, ciertamente, signos para gente que razona.
[2.177] La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro hacia el Oriente o hacia el Occidente, sino en creer en Alá y en el Ăşltimo DĂa, en los ángeles, en la Escritura y en los profetas, en dar de la hacienda. por mucho amor que se le tenga, a los parientes, huĂ©rfanos, necesitados, viajero, mendigos y esclavos, en hacer la azalá y dar el azaque, en cumplir con los compromisos contraĂdos, en ser pacientes en el infortunio, en la aflicciĂłn y en tiempo de peligro. ¡Ésos son los hombres sinceros, Ă©sos los temerosos de Alá!
[2.178] ¡Creyentes! Se os ha prescrito la ley del talión en casos de homicidio: libre por libre, esclavo por esclavo, hembra por hembra. Pero, si a alguien le rebaja su hermano la pena, que la demanda sea conforme al uso la indemnización apropiada. Esto es un alivio por parte de vuestro Señor, una misericordia. Quien, después de esto. viole la ley, tendrá un castigo doloroso.
[2.185] Es el mes de ramadán, en que fue revelado el Corán como direcciĂłn para los hombres y como pruebas claras de la DirecciĂłn y del Criterio. Y quien de vosotros estĂ© presente ese mes, que ayune en Ă©l. Y quien estĂ© enfermo o de viaje, un nĂşmero igual de dĂas. Alá quiere hacĂ©roslo fácil y no difĂcil. ¡Completad el nĂşmero señalado de dĂas y ensalzad a Alá por haberos dirigido! Quizás, asĂ seáis agradecidos.
[2.187] Durante el mes del ayuno os es lĂcito por la noche uniros con vuestras mujeres: son vestidura para vosotros y vosotros lo sois para ellas. Alá sabe que os engañabais a vosotros mismos. Se ha vuelto a vosotros y os ha perdonado. Ahora, pues, yaced con ellas y buscad lo que Alá os ha prescrito. Comed y bebed hasta que, a la alborada, se distinga un hilo blanco de un hilo negro. Luego, observad un ayuno riguroso hasta la caĂda de la noche. Y no las toquĂ©is mientras estĂ©is de retiro en la mezquita. Éstas son las leyes de Alá, no os acerquĂ©is a ellas. AsĂ explica Alá Sus aleyas a los hombres. Quizás, asĂ, Le teman.
[2.196] Llevad a cabo la peregrinaciĂłn mayor y la menor por Alá. Pero, si os veis impedidos, ofreced una vĂctima conforme a vuestros medios. No os afeitĂ©is la cabeza hasta que la vĂctima llegue al lugar del sacrificio. Si uno de vosotros está enfermo o tiene una dolencia en la cabeza, puede redimirse ayunando, dando limosna u ofreciendo un sacrificio. Cuando estĂ©is en seguridad, quien aproveche para hacer la peregrinaciĂłn menor, mientras llega el tiempo de la mayor, que ofrezca una vĂctima segĂşn sus posibilidades. Pero, si no encuentra quĂ© ofrecer, deberá ayunar tres dĂas durante la peregrinaciĂłn mayor y siete a su regreso, esto es, diez completos. Esto atañe a aquĂ©l cuya familia no reside en las cercanĂas de la Mezquita Sagrada. ¡Temed a Alá! ¡Sabed que Alá es severo en castigar!
[2.197] Ya se sabe cuáles son los meses de la peregrinaciĂłn. Quien decida hacerla en esos meses se abstendrá durante la peregrinaciĂłn de comercio carnal, de cometer actos impĂos y de discutir. Alá conoce el bien que hacĂ©is. ¡Aprovisionaos! La mejor provisiĂłn es el temor de Alá...¡Temedme, pues, hombres de intelecto!
[2.213] La Humanidad constituĂa una sola comunidad. Alá suscitĂł profetas portadores de buenas nuevas, que advertĂan, y revelĂł por su medio la Escritura con la Verdad para que decida entre los hombres sobre aquello en que discrepaban. SĂłlo aquĂ©llos a quienes se les habĂa dado discreparon sobre ella, a pesar de las pruebas claras recibidas, y eso por rebeldĂa mutua. Alá quiso dirigir a los creyentes hacia la Verdad, sobre la que los otros discrepaban. Alá dirige a quien Él quiere a una vĂa recta.
[2.214] ÂżO creĂ©is que vais a entrar en el JardĂn antes de pasar por lo mismo que pasaron quienes os precedieron? Sufrieron el infortunio y la tribulaciĂłn y una conmociĂłn tal que el Enviado y los que con Ă©l creĂan dijeron: «¿Cuándo vendrá el auxilio de Alá?» SĂ, el auxilio de Alá está cerca.
[2.217] Te preguntan si está permitido combatir en el mes sagrado. Di: «Combatir en ese mes es pecado grave. Pero apartar del camino de Alá -y negarle- y de la Mezquita Sagrada y expulsar de ella a la gente es aĂşn más grave para Alá, asĂ como tentar es más grave que matar». Si pudieran, no cesarĂan de combatir contra vosotros hasta conseguir apartaros de vuestra fe. Las obras de aquĂ©llos de vosotros que apostaten de su fe y mueran como infieles serán vanas en la vida de acá y en la otra. Ésos morarán en el Fuego eternamente.
[2.220] sobre la vida de acá y la otra. Te preguntan acerca de los huĂ©rfanos. Di: «Está bien mejorar su condiciĂłn; pero, si mezcláis vuestra hacienda con la suya, tratadles como a hermanos». Alá distingue al corruptor del reformador. Y si Alá hubiera querido os habrĂa afligido. Alá es poderoso, sabio.
[2.221] No os casĂ©is con mujeres asociadoras hasta que crean. Una esclava creyente es mejor que una asociadora, aunque Ă©sta os guste más. No casĂ©is con asociadores hasta que Ă©stos crean. Un esclavo creyente es mejor que un asociador, aunque Ă©ste os guste más. Ésos os llaman al Fuego, en tanto que Alá os llama al JardĂn y al perdĂłn si quiere, y explica Sus aleyas a los hombres. Quizás, asĂ, se dejen amonestar.
[2.222] Te preguntan acerca de la menstruación. Di: «Es un mal. ¡Manteneos, pues, aparte de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado! Y cuando se hayan purificado, id a ellas como Alá os ha ordenado». Alá ama a quienes se arrepienten. Y ama a quienes se purifican.
[2.228] Las repudiadas deberán esperar tres menstruaciones. No les es lĂcito ocultar lo que Alá ha creado en su seno si es que creen en Alá y en el Ăşltimo DĂa. Durante esta espera, sus esposo tienen pleno derecho a tomarlas de nuevo si desean la reconciliaciĂłn. Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso, pero los hombres están un grado por encima de ellas. Alá es poderoso, sabio.
[2.229] El repudio se permite dos veces. Entonces, o se retiene a la mujer tratándola como se debe o se la deja marchar de buena manera. No os es lĂcito recuperar nada de lo que les disteis, a menos que las dos partes teman no observar las leves de Alá. Y, si temĂ©is que no observen las leyes de Alá, no hay inconveniente en que ella obtenga su libertad indemnizando al marido. Éstas son las leyes de Alá, no las violĂ©is. Quienes violan las leyes de Alá, Ă©sos son los impĂos.
[2.231] Cuando repudiĂ©is a vuestras mujeres y Ă©stas alcancen su tĂ©rmino, retenedlas como se debe o dejadlas en libertad como se debe. ¡No las sujetĂ©is a la fuerza, en violaciĂłn de las leyes de Alá! Quien esto hace es injusto consigo mismo. ¡No tomĂ©is a burla las aleyas de Alá, antes bien recordad la gracia de Alá para con vosotros y lo que os ha revelado de la Escritura y de la SabidurĂa, exhortándoos con ello! ¡Temed a Alá y sabed que Alá es omnisciente!
[2.232] Cuando repudiĂ©is a vuestras mujeres y Ă©stas alcancen su tĂ©rmino, no les impidáis que se casen con sus maridos, si se ponen buenamente de acuerdo. A esto se exhorta a quien de vosotros crea en Alá y en el Ăşltimo DĂa. Esto es más correcto para vosotros y más puro. Alá sabe, mientras que vosotros no sabĂ©is.
[2.233] Las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos si desea que la lactancia sea completa. El padre debe sustentarlas y vestirlas conforme al uso. A nadie se le pedirá sino según sus posibilidades. No se dañará a la madre por razón de su hijo, ni al padre. Un deber semejante incumbe al heredero. Y no hay inconveniente en que el padre y la madre quieran, de mutuo acuerdo y luego de consultarse, destetar al niño. Y, si queréis emplear a una nodriza para vuestros hijos, no hacéis mal, siempre que paguéis lo acordado conforme al uso. ¡Temed a Alá y sabed que Alá ve bien lo que hacéis!
[2.235] No hacĂ©is mal en proponer a tales mujeres casaros con ellas o en ocultarles vuestra intenciĂłn de hacerlo. Alá sabe que pensarĂ©is en ellas. Pero ¡no les prometáis nada en secreto! ¡Habladas, más bien, como se debe! ¡Y no decidáis concluir el matrimonio hasta que se cumpla el perĂodo prescrito de espera! ¡Sabed que Alá conoce lo que hay en vuestras mentes, de modo que cuidado con Él! Pero sabed que Alá es indulgente, benigno.
[2.237] Y, si las repudiáis antes de tocarlas y luego de haberles asignado dote, pagadles la mitad de lo asignado, a menos que ellas o aquél en cuya mano esté la conclusión del matrimonio renuncien a ello. La renuncia es más conforme al temor de Alá. No os olvidéis de mostraros generosos unos con otros. Alá ve bien lo que hacéis.
[2.246] ÂżNo has visto a los dignatarios de los Hijos de Israel? Cuando, despuĂ©s de MoisĂ©s, dijeron a un profeta suyo: «¡SuscĂtanos a un rey para que combatamos por Alá!» Dijo: «Puede que no combatáis una vez que se os prescriba el combate». Dijeron: «¿CĂłmo no vamos a combatir por Alá si se nos ha expulsado de nuestros hogares y de nuestros hijos?» Pero, cuando se les prescribiĂł el combate, volvieron la espalda, salvo unos pocos. Alá conoce bien a los impĂos.
[2.247] Su profeta les dijo: «Alá os ha suscitado a Saúl como rey». Dijeron: «¿Cómo va él a dominar sobre nosotros si nosotros tenemos más derecho que él al dominio y no se le ha concedido abundancia de hacienda?» Dijo: «Alá lo ha escogido prefiriéndolo a vosotros y le ha dado más ciencia y más cuerpo». Alá da Su dominio a quien Él quiere. Alá es inmenso, omnisciente.
[2.249] Y, cuando SaĂşl marchĂł con los soldados, dijo: «Alá os probará con un arroyo. Quien beba de Ă©l no será de los mĂos. Quien no lo pruebe, será de los mĂos, a menos que beba una sola vez del hueco de la mano». Y bebieron de Ă©l, salvo unos pocos. Y, cuando Ă©l y los que creĂan lo hubieron cruzado, dijeron: «Hoy no podemos nada contra Goliat y sus soldados». Los que contaban con encontrar a Alá dijeron: «¡Cuántas veces una tropa reducida ha vencido a otra considerable con permiso de Al á! Alá está con los que tienen paciencia».
[2.253] Éstos son los enviados. Hemos preferido a unos más que a otros. A alguno de ellos Alá ha hablado. Y a otros les ha elevado en categorĂa. Dimos a JesĂşs, hijo de MarĂa, las pruebas claras, y le fortalecimos con el EspĂritu Santo. Si Alá hubiera querido, los que les siguieron no habrĂan combatido unos contra otros, despuĂ©s de haber recibido las pruebas claras. Pero discreparon: de ellos, unos creyeron y otros o. Si Alá hubiera querido, no habrĂan combatido unos contra otros. Pero Alá hace lo que quiere.
[2.255] ¡Alá! No hay más dios que El. el Viviente, el Subsistente. Ni la somnolencia ni el sueño se apoderan de Él. Suyo es lo que está en los cielos y en la tierra. ÂżQuiĂ©n podrá interceder ante Él si no es con Su permiso? Conoce su pasado y su futuro, mientras que ellos no abarcan nada de Su ciencia, excepto lo que Él quiere. Su Trono se extiende sobre los cielos y sobre la tierra y su conservaciĂłn no le resulta onerosa. Él es el AltĂsimo, el Grandioso.
[2.258] ÂżNo has visto a quien disputaba con Abraham sobre su Señor porque Alá le habĂa dado el dominio? Cuando Abraham dijo: «Mi Señor es Quien da la vida y da la muerte». Dijo: «Yo doy la vida y doy a muerte». Abraham dijo: «Alá trae el sol por oriente; tráelo tĂş por Occidente». AsĂ fue confundido el infiel. Alá no dirige al pueblo impĂo.
[2.259] O como quien pasĂł por una ciudad en ruinas. Dijo: «¿CĂłmo va Alá a devolver la vida a Ă©sta despuĂ©s de muerta?» Alá le hizo morir y quedar asĂ durante cien años. Luego, le resucitĂł y dijo: «¿Cuánto tiempo has permanecido asĂ?» Dijo: «He permanecido un dĂa o parte de un dĂa». Dijo: «No, que has permanecido asĂ cien años. ¡Mira tu alimento y tu bebida! N se han echado a perder. ¡Mira a tu asno! Para hacer de ti un signo para los hombres. ¡Mira los huesos, cĂłmo los componemos y los cubrimos de carne!». Cuando lo vio claro, dijo: «Ahora sĂ© que Alá es omnipotente».
[2.260] Y cuando Abraham dijo: «¡Señor. muĂ©strame cĂłmo devuelves la vida a los muertos!» Dijo: «¿Es que no crees?» Dijo: «Claro que sĂ, pero es para tranquilidad de mi corazĂłn». Dijo: «Entonces, coge cuatro aves y despedázalas. Luego, pon en cada montaña un pedazo de ellas y llámalas. Acudirán a ti rápidamente. Sabe que Alá es poderoso, sabio».
[2.264] ¡Creyentes! No malogrĂ©is vuestras limosnas alardeando de ellas o agraviando, como quien gasta su hacienda para ser visto de los hombres, sin creer en Alá ni en el Ăşltimo DĂa. Ese tal es semejante a una roca cubierta de tierra. Cae sobre ella un aguacero y la deja desnuda. No pueden esperar nada por lo que han merecido. Alá no dirige al pueblo infiel.
[2.266] ÂżDesearĂa alguno de vosotros poseer un jardĂn de palmeras y vides por cuyo bajo fluyeran arroyos, con toda clase de frutos, envejecer mientras sus hijos son aĂşn dĂ©biles y que un torbellino de fuego cayera sobre el jardĂn y Ă©ste se incendiara? AsĂ os explica Alá las aleyas. Quizás, asĂ meditĂ©is.
[2.267] ¡Creyentes! ¡Dad limosna de las cosas buenas que habĂ©is adquirido y de lo que, para vosotros, hemos sacado de la tierra! Y no elijáis lo malo para vuestras limosnas, como tampoco vosotros lo tomarĂais a menos que tuvierais los ojos cerrados. Sabed que Alá Se basta a SĂ mismo, es digno de alabanza.
[2.275] Quienes usurean no se levantarán sino como se levanta aquél a quien el Demonio ha derribado con sólo tocarle, y eso por decir que el comercio es como la usura, siendo asà que Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura. Quien. exhortado por su Señor. renuncie conservará lo que haya ganado. Su caso está en manos de Alá. Los reincidentes, ésos serán los condenados al Fuego y en él permanecerán para siempre.
[2.282] ¡Creyentes!. Si contraéis una deuda por un plazo determinado, ponedlo por escrito. Que un escribano tome fiel nota en vuestra presencia, sin rehusarse a escribir como Alá le dé a entender. Que escriba. Que el deudor dicte en el temor de Alá, su Señor, y que no deduzca nada. Y si el deudor fuera necio, débil o incapaz de dictar, que dicte su procurador con fidelidad. Llamad, para que sirvan de testigos, a dos de vuestros hombres; s no los hay, elegid a un hombre y a dos mujeres de entre quienes os plazcan como testigos, de tal modo que si una yerra, la otra subsane su error. Que los testigos no se sustraigan cuando se les llame. Que no os repugne subscribir una deuda, sea pequeña o grande, precisando su vencimiento. Esto es más equitativo ante Alá, es más correcto para el testimonio y da menos lugar a dudas. A menos que se trate de una operación concluida entre vosotros sin intermediarios; entonces, no hay inconveniente en que no lo pongáis por escrito. Pero ¡tomad testigos cuando os vendáis algo! ¡Y que no se moleste al escribano ni al testigo! Si lo hacéis, cometeréis una iniquidad. ¡Temed a Alá! Alá os instruye. Alá es omnisciente.
[2.283] Y si estáis de viaje y no encontráis escribano, que se deposite una fianza. Si uno confĂa un depĂłsito a otro, debe el depositario restituir el depĂłsito en el temor de Alá, su Señor. Y no rehusĂ©is deponer como testigos. Quien rehĂşsa tiene un corazĂłn pecador. Alá sabe bien lo que hacĂ©is.
[2.285] El Enviado cree en cuanto le ha sido revelado por su Señor, y lo mismo los creyentes. Todos ellos creen en Alá, en Sus ángeles. en Sus Escrituras y en Sus enviados. No hacemos distinciĂłn ente ninguno de Sus enviados. Han dicho: «OĂmos y obedecemos. ¡Tu perdĂłn, Señor! ¡Eres TĂş el fin de todo!»
[2.286] Alá no pide nada a nadie más allá de sus posibilidades. Lo que uno haya hecho redundará en su propio bien o en su propio mal. ¡Señor! ¡No castigues nuestros olvidos o nuestras faltas! ¡Señor! ¡No nos impongas una carga como la que impusiste a quienes nos precedieron! ¡Señor! ¡No nos impongas más allá de nuestras fuerzas! ¡Y absuĂ©lvenos, perdĂłnanos, apiádate d nosotros! ¡TĂş eres nuestro Protector! ¡AuxĂlianos contra el pueblo infiel!
